El texto de este artículo, sobre parte de la vida y obra de Ángel Alcalde, ha sido escrito por su gran amigo y compañero de viaje, por distintos caminos de la vida, Luis Arroyo Zapatero, rector honorario de la Universidad de Castilla–La Mancha y miembro correspondiente de la Academia de Ciencias morales y políticas de Francia

Ángel Alcalde es natural de Alamillo, provincia de Ciudad Real, en las estribaciones de Sierra Morena. Pueblo pequeño pero que produce grandes profesionales de la agricultura y de la ganadería, de grandiosa tradición en el Valle de Alcudia, el gran invernadero de la Mesta, aún hoy activo. Es también cuna de algunos genios, lo que parece ser aquí también el caso, que no se neutraliza por el hecho de haber sido recriado en Madrid, en el barrio de Usera.

Cuando supera la escuela se incorpora a la delegación del Instituto de formación profesional de la Virgen de la Paloma en la Plaza de España, entonces ya con una tradición de 100 años. Combina el estudio con el trabajo en una tienda de electrodomésticos, que era propiedad del periodista de Pueblo Julio Camarero. Un buen día es víctima de un atraco. El dueño le dice a Ángel que haga una pequeña nota para meterlo en la sección de sucesos del día. Lo hace y cuando lo lee Julio le dice que ha compuesto un texto de buen periodista, y ahí se le inoculó el veneno de la prensa.

Deja lo eléctrico y se incorpora al taller de pintura que en el Palacio de la Música dirigía el genial Antonio López, donde se componían los gigantescos lienzos que cubrían los frontales de los cines de la Gran Vía. Con Antonio López pintaban también Juan Amo, quien años más tarde sería catedrático de arte en la Universidad de Castilla-La Mancha en Albacete y gran pintor del mundo rural y retratista. Todos ellos vivían en el barrio de Usera.

Para quiénes entrábamos en Madrid desde la carretera de La Coruña aquellos impresionantes y gigantescos lienzos eran la señal de que estábamos en la capital de España, un extraordinario espectáculo visual.

Al concluir el bachillerato se incorpora a la Escuela Oficial de Periodismo que había creado Jesús Aparicio, factótum de la política del régimen sobre la prensa y la comunicación, con el propósito de dar formación especializada a los candidatos a ejercer de periodistas y someterles a su control, inspirado por la Falange y el Opus. En esto último no tuvieron éxito, ni en la primera promoción, en la que se graduó Miguel Delibes y mucho menos en la última, la de Ángel Alcalde.

Ángel Alcalde simultánea también los estudios con el trabajo en los medios de papel y en los primeros audiovisuales, como por ejemplo en el NO&DO, donde colabora con Carlos Saura, entre otros, y que no eran precisamente adeptos al régimen. En ese tiempo se vincula a dos grandes amigos, Patxi Andión, Carlos Pardo. Con ellos se va a París y ahí les sorprende el mayo del 68. Aprendieron todo lo nuevo y algunas cosas viejas, pero se les quitó a todos el pelo de nuestras dehesas de aquel tiempo. Conocerán a Georges Brassens Juliette Greco, Leo Ferré… Patxi hace sus primeros pinitos en el cabaret La Candelaria, aunque lo primero que tenía que cantar para poder colocar luego lo suyo era el famoso “se va el Caimán,” impuesto por la propiedad.

Se incorpora más tarde la agencia Delfos, junto a Alfonso Palomares, Ana Tutor y Heriberto Quesada, de la que llegó a ser director. Todo iba bien e hizo los reportajes muy sonados. Pero los nazis se cruzaron en su camino. Cubriendo una boda de postín, descubrieron que el famoso Otto Skorzeny, el jefe de las operaciones especiales de Hitler que había rescatado a Mussolini en el Gran Sasso, vivía clandestinamente en España, mientras era objeto de reclamaciones internacionales que le tenían puesto en caza y captura por crímenes de guerra. Pero en la boda que Ángel cubría se abrazó con el nazi belga León Degrelle, a quien Franco también amparaba, de tal manera que Skorzeny quedó al descubierto y fotografiado. Salió la foto y el reportaje en toda la prensa española y en la internacional, lo que generaba sus riesgos ante las cofradías de nazis españoles y alemanes. Al día siguiente a la publicación los nazis irrumpieron en la Agencia, por fortuna en ausencia de Ángel, quien a indicación de Eugenio Suarez, dueño de la revista Sábado Grafico, tuvo que poner tierra por medio.

En los 80 crea una productora audiovisual especializada en el mundo del toreo. Era el tiempo de las videocasetes que se distribuían masivamente en los quioscos. Tuvo gran éxito hasta que al realizar el gran vídeo de la muerte de Paquirri topó con la viuda, que quería mucho a su hombre, aunque parece que aún más a las pesetas. El asunto llegó hasta el Tribunal Constitucional, que en aras a la protección de la intimidad condenó a Ángel a pagar a la viuda una peseta, a pesar de que está reclamara muchos millones para autorizar la difusión del video. O sea, que no era la intimidad lo que reclamaba, sino los millones. Dicha sentencia se estudia hoy en todas las facultades de Derecho de España.

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Participó también, en aquel tiempo, en la fundación de la revista Ciudadano, que se convirtió en un fenomenal ariete contra los fraudes. Un caso particularmente significativo fue el que hicieron público que se comercializaba como vino de Rioja lo que en realidad eran ricos caldos a granel de Valdepeñas. A la familia dueña de la bodega y responsable del fraude no les gustó. Los Ruiz-Mateos siempre han sido muy suyos.

Se atrevió con la obra literaria y escribió Feria de Vanidades, inspirada en el mundo del toro, y Memoria sexual de una estudiante, en la que se relata la peripecia de una estudiante americana que llega a España para hacer su tesis doctoral sobre el Teatro del Siglo de Oro…

Ángel Alcalde regresa ahora, por los caminos del impresionismo-expresionismo, a lo que fue su punto de partida: la Pintura. Su obra está hoy teñida por los olores y colores de las sierras del Valle de Alcudia, de las que goza como un cervatillo, y por el toro bravo y el arte del toreo, que para Ángel es un poderoso elemento de cultura y civilización mediterránea. De todo ello, nos presenta una poderosa muestra…

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