Araceli Olmedo tiene una biblioteca que ha ido reuniendo desde 1968. Una colección de libros, como nos cuenta en la entrevista, “irreverente, anárquica y caótica” y más “de rústica” que de ejemplares raros, porque prefiere el contenido al continente

Araceli Olmedo ha luchado durante más de tres décadas por los agricultores. Ha dedicado gran parte de su vida a defender las aguas subterráneas y a los regantes de Castilla-La Mancha. Es batalladora y vehemente, se declara “muy feminista” y, como escribió sobre ella Ramón González, “no nació Araceli para ser sumisa ni mujer pasiva respecto de la vida social, cultural y económica de Tomelloso”. Olmedo ha jugado un papel importante en la cultura tomellosera más reciente. Buena lectora, escritora y periodista, Olmedo tiene una biblioteca que ha ido reuniendo desde 1968. Una colección de libros, como nos cuenta en la entrevista, “irreverente, anárquica y caótica” y más “de rústica” que de ejemplares raros, porque prefiere el contenido al continente.

Nos recibe Araceli Olmedo en el luminoso salón de su casa al que no llega el ruido de la calle. Desde los ventanales se ve un frondoso patio que abunda aún más en el ambiente de calma de la estancia. Suena música clásica, nuestra anfitriona ordena a “Alexa” que la apague para que podamos entendernos. La mayor parte de los libros los tiene en el salón, aunque hay en todas habitaciones de la casa.

La biblioteca de Araceli Olmedo tiene más de 3.000 ejemplares que ha reunido «desde que me casé. Empecé con una colección de clásicos, a esa le siguió otra de obras famosas y una de los Nobel de Literatura. De esta última, recuerdo que compraba un volumen cada semana». Porque Araceli recuerda que tiene «muchas cosas compradas a plazos».

Una biblioteca caótica

Asegura que ha adquirido los libros «de manera irreverente», nadie le dijo como tenía que leer o adquirir libros. «Cuando me matriculé a COU nocturno, el profesor de Literatura que se llamaba Félix García, me orientó y me introdujo en los autores sudamericanos».  Araceli Olmedo descubrió «su riqueza lingüística, su vocabulario extraordinario; fue algo fantástico».

A pesar de su declarada anarquía bibliófila, como nos recuerda varias veces durante la conversación, en sus anaqueles siempre ha sitio para los autores de Tomelloso «por supuesto, tengo de todo. Mi amiga Rocío Torres me mantiene siempre al día. Además, indago en las librerías de la ciudad y miro por internet a ver si hay novedades. Me interesa mucho todo lo que se escribe aquí, claro».

Araceli es una gran lectora «pero no he leído todos los libros que tengo. Muchos sí, pero no todos». Y con el tiempo ha aprendido a «dejar de leer lo que no me gusta. Hay a quien ese no le parece bien, pero tengo muchas cosas que leer y muy poco tiempo que no voy a dedicar a un libro que no me gusta».  Es meticulosa en el rechazo de los libros, «al principio escribo por lo que lo he dejado de leer».

Araceli Olmedo en su biblioteca / Clara Manzano

Como los libros son suyos, «subrayo, gloso o acoto lo que me parece bien. Si alguna palabra no entiendo, la busco en el diccionario y la escribo al pie de la página». La escritora no es, ni mucho menos, una fetichista de los libros; los usa, los disfruta y les saca todo lo que tienen dentro, pero sin tratarlos con la sacralidad de otros. Nos cuenta que su yerno es el que pasa detrás de ella «me dice que le encanta leer mis acotaciones, como soy muy feminista, me dice que algunas de mis glosas son bastante sugerentes».

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“Soy más de rústica”

El periodista cuestiona a Araceli Olmedo que si tiene libros raros o valiosos «soy más de rústica», asegura. Le gustan los libros más por el contenido que por el continente, es por ello que «he comprado siempre lo que me gusta». En ese sentido, dice que se deja aconsejar «luego lo que me aconsejan no me gusta. Pero sí me atrae mucho cuando un autor defiende su obra en radio o televisión».

Araceli Olmedo en su biblioteca / Clara Manzano

La principal manera que tiene Araceli Olmedo de adquirir libros es «pateando librerías», incluso de grandes almacenes. «Miro libros durante horas, leo las contraportadas y el que me atrae, lo compro». Y desde que «estoy encerrada» compra libros online. Y de todos los que compro, nos reitera «hay algunos que abandono. Hay un libro de hace unos años, “El péndulo de Foucault”, de Umberto Eco, que no he podido leer. Me compré un diccionario que se editó sobre la novela, pero en la página 60 lo dejé». Y Araceli Olmedo nos hace otra confesión «prefiero los autores españoles».

“No entiendo la vida sin la lectura”

Nuestra protagonista no entiende su vida sin la lectura «mi madre era muy aficionada y ella fue la que nos introdujo. Empecé a leer tebeos, que era con lo que empezábamos. Después pasé a las novelas de Corín Tellado, que leí muchas». Las novelas de la asturiana las leía cuando ayudaba a su padre en la bodega familiar «en la cueva, me sentaba entre dos tinajas y allí las devoraba». A las novelas románticas de la prolífica autora española siguieron los libros de misterio de Agatha Christie «ese periplo los hicimos mis hermanas y yo, nos llevamos solo tres años entre las tres. Y después, llegaron las novelas de aventuras “La isla del tesoro”, “Los tres mosqueteros” … y muchos tebeos».

Pero, recuerda con tristeza, los libros de su infancia y juventud «se quedaron en la casa de mi madre. Los libros que hay aquí los he comprado después de casarme, a partir de 1968». Como saben nuestros lectores, Araceli Olmedo ha estado durante más de treinta años «y leía muy poco de lo que me gustaba. La Ley de Aguas me la he tenido que leer muchas veces, reglamentos, temas administrativos. Leía mucho y escribía mucho, pero referente al agua y el medio ambiente». Y desde que se jubiló en el 2019 «me estoy desquitando y me he enfangado a leer lo que me gusta a mí».

Dice Araceli que «escribo poco y publico menos. Escribo para mí. Ya tengo todas las fotos hechas. Ahora estoy escribiendo un diario del que puedo sacar algunos artículos graciosos. Me interesa la escritura irónica, he tenido muchas guerras a lo largo de mi vida». Gentilmente, Araceli Olmedo regala libros a los periodistas y nos muestra su espectacular patio. Una buena manera de acabar.

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